Colegio Salesianos Los Boscos

martes, 25 de febrero de 2014

Visita a la Capilla

Todos los 24 de mes bajamos a la Capilla... como este lunes ha sido fiesta, hemos bajado hoy. Esta tarde, todos los alumnos de Infantil, salvo 2º que estaban en el Museo de La Rioja, han bajado a visitar a San Juan Bosco y María Auxiliadora. 

Como siempre, trabajamos el valor del mes y una vez más, la profe Teresa, ha preparado una pequeña representación para que los niños aprendan mejor el significado de el valor de la autoestima. 

Con un pequeño "gran elenco" de actores y actrices, la obra ha salido fenomenal. Todos han estado muy atentos. La obra se titulaba "el cuentito" y trataba sobre la importancia de no menospreciar las cosas pequeñas porque pueden ser muy importantes. 

Os dejamos con las fotos y unos vídeos...











Gracias también a Santos que siempre viene a nuestras visitas a la Capilla.



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miércoles, 12 de febrero de 2014

Valor del mes: Autoestima

 ¿Qué es la autoestima?
 
La autoestima es la conciencia de una persona de su propio valor, el punto más alto de lo que somos y de nuestras responsabilidades, con determinados aspectos buenos y otros mejorables, y la sensación gratificante de querernos y aceptarnos como somos por nosotros mismos y hacia nuestras relaciones.
 
Es nuestro espejo real, que nos enseña cómo somos, qué habilidades tenemos y cómo nos desarrollamos a través de nuestras experiencias y expectativas. Es el resultado de la relación entre el carácter del niño y el ambiente en el que éste se desarrolla.


Cuando un niño adquiere una buena autoestima se siente competente, seguro, y valioso. Entiende que es importante aprender, y no se siente disminuido cuando necesita de ayuda. Será responsable, se comunicará con fluidez, y se relacionará con los demás de una forma adecuada.
 
La autoestima es una pieza fundamental en la construcción de los pilares de la infancia y adolescencia. La autoestima no es una asignatura que se aprenda en el colegio. Se construye diariamente en a través de las relaciones personales de aceptación y confianza.

 
Durante este mes de febrero vamos a trabajar el valor de la Autoestima. En la Capilla, representaremos la obra titulada: "El cuentito".
 
Os dejamos el cuento para que lo vayáis leyendo...
 
 
 
 
Había una vez un cuento cortito, de aspecto chiquito, letras pequeñitas y pocas palabritas. Era tan poca cosa que apenas nadie reparaba en él, sintiéndose triste y olvidado. Llegó incluso a envidiar a los cuentos mayores, esos que siempre que había una oportunidad eran elegidos primero.
 
Pero un día, un viejo y perezoso periodista encontró un huequito entre sus escritos, y buscando cómo llenarlo sólo encontró aquel cuentito. A regañadientes, lo incluyó entre sus palabras, y al día siguiente el cuentito se leyó en mil lugares.
 
 Era tan cortito, que siempre había tiempo para contarlo, y en sólo unos pocos días, el mundo entero conocía su historia. Una sencilla historia que hablaba de que da igual ser grande o pequeño, gordo o flaco, rápido o lento, porque precisamente de aquello que nos hace especiales surgirá nuestra gran oportunidad.
 
 

 

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miércoles, 5 de febrero de 2014

Parábola del buen pastor

Ayer por la tarde, los alumnos de 1º E escucharon la parábola del buen pastor. La profe de prácticas, Ana, se la contó y todos estuvieron muy atentos. 

Cuando terminó de contarles la historia, les preguntó qué hubieran hecho ellos si una oveja del rebaño se hubiera perdido y todos contestaron que hubiesen ido a buscarla, igual que el buen pastor. 

Así que ya veis que la clase de 1º E está llena de buenos pastores.










En breve colgaremos más fotos...



Os dejamos un enlace para que veáis el vídeo:

http://www.youtube.com/watch?v=OCBu56dsCHM



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Roscones de San Blas

Ayer día 3 se celebró San Blas. Y los alumnos de Infantil, han pintado unos roscones típicos de esta fecha... han quedado tan tan bien que parecen auténticos!!! Estaban casi para comérselos...

Los alumnos de 1º D y E han coloreado y pegado con papelitos blancos, a modo de azúcar, estos roscones de San Blas. 

Sólo nos ha faltado ver a la cigüeña... a ver si el año que viene la vemos. 












Ñam, ñam qué ricos!!!





Aquí están los alumnos de 1º D con sus roscones. Mirad qué bonitos les han quedado... qué hambre nos ha entrado por clase con tantas rosquillas de San Blas...qué buena pinta tiene todas!!!







Los de 3ºA han pintado la figura de San Blas y, después de hablar un rato sobre él, han llegado a la conclusión de que él es el encargado de cuidarnos la garganta.








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domingo, 2 de febrero de 2014

Por San Blas la cigüeña verás...

Blas de Sebaste, venerado como san Blas, fue un médico, obispo de Sebaste (Sebastensis armenorum) en Armenia (actual Sivas, Turquía), y mártir cristiano. Hizo vida eremítica en una cueva en el bosque del monte Argeus, que convirtió en su sede episcopal. Fue torturado y ejecutado en la época del emperador romano Licinio, durante las persecuciones a los cristianos de principios del siglo IV.


Su culto se extendió por todo Oriente, y más tarde por Occidente. En la Edad Media, se llegaron a contabilizar solamente en Roma 35 iglesias bajo su advocación. Su festividad se celebra 3 de febrero en las Iglesias de Occidente y el 11 de febrero en las de Oriente.

Se lo considera patrono de los enfermos de garganta (faringe), y de los otorrinolaringólogos. También es patrono de la República del Paraguay, de numerosas localidades españolas, y de Dubrovnik (Croacia). En esta ciudad, su festividad es emblemática y casi milenaria (se remonta como mínimo al año 1190) y se incorporó en 2009 en la lista del patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Su festividad litúrgica se celebra el 3 de febrero en Occidente y el 11 de febrero en Oriente.

En España

San Blas, pintado por Hans Memling en 1491. Situado anteriormente en la Catedral de Lübeck, ahora se encuentra en el Museo de St. Annen en Lübeck, Alemania.

Celebraciones asociadas al 3 de febrero

San Blas es el santo patrono de la República del Paraguay, de la ciudad de Dubrovnik en Croacia, y de varias localidades españolas y costarricenses, entre otras.

República del Paraguay

San Blas es el santo patrón del Paraguay. Es probable que su patronazgo haya surgido a raíz de la protección que los españoles atribuyeron a San Blas en una batalla con los nativos en el fuerte de Corpus Christi, fundado por Juan de Ayolas. En razón de la oportuna llegada de refuerzos provenientes de Buenos Aires, los españoles rechazaron el ataque de los indígenas el día 3 de febrero de 1539, en coincidencia con la festividad de San Blas. Se propagó la noticia de que triunfo español se debió a la aparición, sobre el torreón de la fortaleza, de un hombre vestido de blanco portando una espada resplandeciente en la mano, lo cual se asoció al santo.

La canción «Galopera» de Mauricio Cardozo Ocampo, característica de la tradición popular paraguaya, menciona esta festividad en su letra:

Las «galoperas»
En un barrio de Asunción
gente viene, gente va,
ya está llamando el tambor,
la galopa va a empezar...
tres de febrero, llegó
el patrón señor San Blas,
ameniza la función
la «Banda de Trinidad».

Los paraguayos que se encuentran lejos de su tierra, recuerdan esta festividad visitando y/o participando de una misa de una iglesia cercana bajo esta advocación o aquella que le es más significativa por motivos sentimentales, afectivos o históricos. Si alguna institución paraguaya lo tiene como patrono, además de participar de una misa, se realiza una procesión con la imagen del santo en una iglesia.


En Croacia

Bandera de Dubrovnik, con la imagen de San Blas.

Dubrovnik. En esta ciudad, la festividad de San Blas es emblemática y casi milenaria, ya que se inició probablemente antes de 1190). Esa festividad se incorporó en 2009 en la lista del patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

En Colombia

Morroa (Departamento de Sucre).

Es costumbre realizar una procesión el 3 de febrero, que congrega a todos los nativos y residentes y es la ocasión para que los nativos residentes en otras ciudades del pais o en el extranjero vengan con gran devoción a rendirle un homenaje a su santo patrón. Cabe mencionar la parroquia de San Blas, obispo y mártir, ubicada en la Diócesis de Sincelejo, en Sucre Departamento al Norte de Colombia, zona Costera, donde la celebración se extiende hasta el 4 de Febrero con juegos pirotecnicos y una fiesta con porros y fandango, en el popular "Callejón de los Locos" donde participan hasta el amanecer multitudes de creyentes y devotos especialmente médicos y personas jóvenes que han sido sanadas de problemas en sus gargantas o a quienes se les ha devuelto la voz.

En Costa Rica
Nicoya (Provincia de Guanacaste). Es costumbre realizar una procesión de Nambí hasta Nicoya centro el 3 de febrero. Cabe mencionar la parroquia de San Blas, obispo y mártir, ubicada en la Diócesis de Cartago, en la provincia homónima, en Costa Rica.

Oración a San Blas

Oh glorioso San Blas, que con vuestro martirio habéis dejado a la Iglesia un ilustre testimonio de la fe, alcanzadnos la gracia de conservar este divino don, y de defender sin respetos humanos, de palabra y con las obras, la verdad de la misma fe, hoy tan combatida y ultrajada. Vos que milagrosamente salvasteis a un niño que iba a morir desgraciadamente del mal de garganta, concedednos vuestro poderoso patrocinio en semejantes enfermedades; y sobre todo obtenedme la gracia de la mortificación cristiana, guardando fielmente los preceptos de la Iglesia, que tanto nos preservan de ofender a Dios. Así sea


Refranero

El refranero español es pródigo en frases y sentencias de uso común que hacen referencia a Blas de Sebaste:

«Por san Blas la cigüeña verás, y si no la vieres: año de nieves». Hace referencia a la llegada de las cigüeñas a España, que se produce a principios de febrero excepto en años muy fríos.

«Por san Blas, hora y media más». Refiere que en la fecha de la festividad de Blas de Sebaste, transcurrido casi un mes y medio de invierno, la duración del día es manifiestamente más prolongada.

«San Blas bendito, cúrame la garganta y el apetito».

«San Blas, tú me llamarás». Refiere que la afección de garganta provocará en el propio fiel el recordatorio del santo.

«San Blas, San Blas, que se ahoga este animal». Cuando alguien se atraganta mientras se le da en la espalda para que se le pase. Este refrán es muy típico en Alhama de Granada.








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Carta de San Juan Bosco


A todos los que nos sentimos próximos a Don Bosco, las familias, los alumnos, los profesores, los salesianos, hoy Don Bosco nos escribiría estas mismas palabras autógrafas, con su firma. Pinardi, 31 de enero de 2014

Que más o menos quiere decir:

"Mientras tanto, quiero presentarle mis cordiales respetos y augurios de toda celeste bendición, mientas me agrada profesarme con toda estima, de Vuestra Señoría Ilustrisima Obediente Servidor. Sacerdote Juan Bosco". Firmado en la casita de Pinardi, en Turín, el 31 de enero de 2014.




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Carta de Jorge Mario Bergoglio

El diario LA RAZÓN reproduce una carta inédita que Bergoglio escribió al padre Cayetano Bruno en 1990 y que publica «L´Osservatore Romano». El joven Jorge Mario fue alumno de los salesianos en el Colegio Wilfrid Barón de los Santos Ángeles, en Ramos Mejía (Argentina) y está muy agradecido a la formación cristiana integral recibida en esos años. Este es el texto.

***


Acabo de terminar la relación de mis recuerdos sobro el P. Enrique Pozzoli. Ahora quiero completar mi promesa de escribirle algunos recuerdos de mi contacto con los Salesianos, tal como habíamos quedado. 

Y comienzo con una anécdota un tanto volteriana. En 1976 mudamos la Curia Provincial a San Mi­guel. Comenzaban a llegar vocaciones nuevas y parecía convenien­te que el Provincial estuviera cerca de la Casa de Formación. 

Se volvió a reestructurar el programa de estudios: 2 años de ju­niorado (que habían desaparecido), la filosofía separada de la teología volvió a imponerse supliendo el «mejunje» de filoso­fía, y teología que se había llamado «currículum» en el que se comenzaba estudiando Hegel (sic!). 

Estando en San Miguel vi las barriadas sin atención pastoral; eso me inquietó y comenzamos a atender a los niños; los sábados a la tarde enseñábamos catecis­mo, luego jugaban, etc. Caí en la cuenta de que los Profesos tenía­mos voto de enseñar la doctrina a ni niños y rudos, y comencé yo mismo a hacerlo junto a los estudiantes. 

La cosa fue creciendo: se edificaron 5 Iglesias grandes, se movilizó organizadamente a los chicos de la zona... y sólamente sábados por la tarde y domin­go a la mañana... 

Entonces vino la acusación de que ése no era un apostolado propio de jesuitas; que yo había salesianizado (sic!) la formación. 

Me acusan de ser un jesuita pro-salesiano, y quizás esto haga que mis recuerdos sean algo parciales... pero me quedo tranquilo porque mi interlocutor de este instante es un salesiano pro-jesuita, y él sabrá discernir las cosas.

No es raro que hable con cariño de los salesianos, pues mi familia se alimentó espiritualmente de los salesianos de San Carlos. 

De chico aprendí a ir a la procesión de María Auxiliadora, y también a la de San Antonio de la Calle Mé­xico. Cuando estaba en casa de mi abuela iba al Oratorio de San Francisco de Sales (mi encargado allí era el actual P. Alberto Della Torre, capellán de aviación).

Por supuesto que soy hincha de San Lorenzo (faltaba más) y hasta hace poco conservé una «His­toria del Club San Lorenzo» escrita por el P. Mazza (según creo): se la mandé de regalo a Don Hugo Chantada, periodista católico de La Prensa, hincha furibundo de San Lorenzo. Él la tiene. 

Des­de chico conocí a los famosos Padres confesores de San Carlos: Montaldo, Punto, Carlos Scandroglio, Pozzoli. Y desde chico tenía en las manos la «Instrucción Religiosa» del P. Moret. Nos habían enseñado a pedir «la bendición de María Auxiliadora» cada vez que nos despedíamos de un salesiano.

Pero mi experiencia más fuerte con los salesianos fue en el año 1949, cuando cursé como interno el sexto grado en el Cole­gio Wilfrid Barón de los Santos Ángeles, en Ramos Mejía. Era Di­rector el P. Emilio Cantarutti; Consejero el P. Plácido Avilés; Catequista, el P. Isidoro Holowaty; Prefecto el P. Isidro Fueyo. En la Administración trabajaba el Coadjutor Sr. Fernández. De los clérigos me acuerdo del Sr. (Leonardo o Leandro) Cangiani y Rubén Veiga. Entre los Padres mayores estaban los PP. Usher, Lambruschini, Cingolani, etc. 

http://www.gestornoticias.com/archivos/religionenlibertad.com/image/bergoglio_1949_colegio_wilfrid_baron.jpg

Me cuesta hacer una descripción par­cial de diversos aspectos del Colegio, simplemente porque muchas veces he reflexionado sobre ese año de vida y, poco a poco, se fue configurando la reflexión de conjunto, que es la que quisie­ra transmitir aquí. Soy consciente de que será algo intelectuali­zado quizá sin la frescura de la anécdota simple, pero –por otra parte– también sé que esta visión de conjunto es la que fui ela­borando yo, y nace de mi experiencia: es objetiva a mi juicio.

La vida de Colegio era un «todo». Uno se sumergía en una trama de vida, preparada como para que no hubiera tiempo ocioso. 

El día pasaba como una flecha sin que uno tuviera tiempo a abu­rrirse. Yo me sentía sumergido en un mundo, el cual si bien era preparado «artificialmente» (con recursos pedagógicos) no tenía nada de artificial. 

Lo más natural era ir a Misa a la mañana, como tomar desayuno, estudiar, ir a clases, jugar en los recreos, escuchar las «Buenas Noches» del P. Director. 

A uno le hacían vivir diversos aspectos ensamblados de la vida, y eso fue creando en mí una conciencia: conciencia no sólo moral sino también una especie de conciencia humana (social, lúdica, artística, etc.). 

Dicho de otra manera: el Colegio creaba, a través del despertar de la conciencia en la verdad de las cosas, una cultura católica que nada tenía de «beata» o «despistada». 

El estudio, los valo­res sociales de convivencia, las referencias sociales a los más necesitados (recuerdo haber aprendido allí a privarme de cosas para darlas a gente más pobre que yo), el deporte, la competen­cia, la piedad... todo era real, y todo forjaba hábitos que, en su conjunto, plasmaban un modo de ser cultural. 

Se vivía en este mundo pero abierto a la trascendencia del otro mundo. 

A mí me resultó muy fácil, luego en la secundaria, hacer la «transferencia» (en sentido psicopedagógico) a otras realidades. Y esto simplemente porque las realidades vividas en el Colegio las había vivido bien; sin distorsiones, con realismo, con sentido de responsabi­lidad y horizonte de trascendencia. Esta cultura católica es –a mi juicio– lo mejor que he recibido en Ramos Mejía.

Todas las cosas se hacían con un sentido. No había «sinsentidos» (al menos en el orden fundamental; porque accidentalmente había impaciencias de algún educador, o pequeñas injusticias co­tidianas, etc.). Yo aprendí allí, inconscientemente casi, a buscar el sentido a las cosas.

Uno de los momentos claves de esto de aprender a buscar el sentido a las cosas eran las «Buenas No­ches» que habitualmente daba el P. Director. A veces lo hacía el P. Inspector, cuando pasaba por el Colegio. Al respecto re­cuerdo una, como si fuera hoy, que dio Mons. Miguel Raspanti, Inspector en ese entonces. 

Sería a principios de octubre del 49. Había viajado a Córdoba porque su mamá había muerto el 29 de septiembre. A su regreso nos habló de la muerte. Ahora, a los casi 54 años, reconozco que esa platiquita nocturna es el punto de referencia de toda mi vida posterior respecto al problema de la muerte. 

Esa noche, sin sustos, sentí que algún día yo iba a morir, y eso me pareció lo más natural. 

Cuando uno o dos años después me enteré de cómo había muerto el P. Isidoro Holowaty, cómo había aguantado por mortificación tantos días el dolor de vientre (él era enfermero) hasta que un miércoles, cuando el P. Pozzoli fue a confesar a los salesianos de allí, le ordenó que viera al médico, bueno al enterarme de esto me pareció lo más natural que un Salesiano muriera así, ejercitando virtudes. 

Otra «Buenas Noches» que hizo mella fue una que dio el P. Cantarutti sobre la necesidad de pedir a la Santísima Virgen para acertar en la propia vocación. Recuerdo que esa noche fui rezando intensamente hasta el dormitorio (se debió notar algo porque dos días después el P. Avilés me hizo un comentario de paso)... y desde esa noche nunca me dormí sino rezando. Era un momento psicológicamente apto para dar sentido al día, y a las cosas.

En el Colegio aprendí a estudiar. Las horas de estudio, en silencio, creaban un hábito de concentración, de dominio de la dispersión, bastante fuerte. También, con ayuda de los Profesores, aprendí método de estudio, reglas nemotécnicas, etc. 

El deporte era un aspecto fundamental de la vida. Se jugaba bien y mucho. Los valores que enseña el deporte (además de la sanidad de vida que crea) ya los conocemos. Tanto en el estudio como en el depor­te tenía cierta importancia la dimensión de la competencia: nos enseñaban a competir bien y a competir en cristiano.

Con los años oí ciertas críticas a este aspecto competitivo de la vida... pero curiosamente las hacían cristianos «liberados» de ese aspecto pedagógico pero que en la vida diaria se sacaban los ojos compitien­do por dinero o por poder... y no competían en cristiano.

Una dimensión que creció mucho en mis años posteriores al año de Colegio fue mi capacidad de sentir bien; y me di cuenta que la base fue puesta en el año de internado. Allí me educaron el sentimiento. Los Salesianos tienen una especial habi­lidad para esto. No me refiero a la «sensiblería» sino al «senti­miento» como valor del corazón. No tener miedo a sentir y a decirse a sí mismo lo que uno está sintiendo.

La educación de la piedad era otra dimensión clave. Una piedad varonil, acomodada a la edad. Dentro de la piedad merece una especial mención la devoción a la Santísima Virgen. A mí me la grabaron a fuego... y, por lo que recuerdo, a mis compañeros también. 

Y el recurso a nuestra Señora es clave para la vida. Va desde la conciencia de tener una Madre en el Cielo que me cuida hasta el rezo de las tres Avemarías, o del Rosario. Pero la Vir­gen ha quedado y no ha podido irse del cordón de nosotros. 

Tam­bién nos inculcaban, y quedaba grabado, un respeto y amor al Papa. 

A veces he oído críticas sobre la «piedad» que se nos in­culcaba en el Colegio (años después las oí), pero siempre son las consabidas cantinelas de aquel que no quiere ir a Misa porque en el Colegio lo obligaban, etc. Ésta es una crítica anacróni­ca porque se traslada al campo de la pedagogía de la piedad un problema puntual como es la rebeldía adolescente o juvenil.

Muy unido al amor y a la devoción a la Virgen Santísima estaba el amor a la pureza. Al respecto (y creo que respecto de todo el sistema preventivo de Don Bosco) hay una incomprensión muy grande. A mí me enseñaron a amar la pureza sin ningún tipo de enseñanza obsesiva. No había obsesión sexual en el Colegio, al menos el año que estuve yo. 

Más obsesión sexual he encontrado más adelante en otros educadores o psicólogos que hacían ostensiblemente gala de un «laissez-passer» al respecto (pero que en el fondo interpretaban las conductas con una clave freudiana que olfataba sexo en todas partes).

Existía también lugar para los hobbys, trabajos de ar­tesanía, inquietudes personales. P.ej. el P. Lambruschini nos ensenaba a cantar, con el P. Avilés aprendí a hacer un gelatógrafo y a usarlo; había un Padre ucraniano (P. Esteban) y los que queríamos aprendíamos a ayudarle con la misa en rito ucraniano... y así tantos recursos (teatro, armar campeonatos, actos acadé­micos, taxidermia, etc.) que canalizaban hobbys e inquietudes. Se nos educaba en la creatividad.

¿Cómo manejaban las crisis nuestros educadores? Nos hacían sentir que podíamos confiar, que nos querían; sabían escuchar, nos daban buenos consejos, oportunos... y nos defendían tanto de la rebeldía como de la melancolía.

Todas estas cosas configuraban una cultura católica.

A mí me prepararon bien para el secundario y para la vida. 

Nun­ca (al menos en lo que recuerdo) se negociaba una verdad. El caso más típico era el del pecado. Es parte de la cultura católica el sentido del pecado... y allí en el Colegio lo que yo traía de mi casa en este sentido se fortaleció, tomó cuerpo. 

Uno después podía hacerse el rebelde, el ateo, pero en el fondo estaba grabado el sentido del pecado; una verdad que no se tiraba por la borda, para hacerlo todo más fácil. 

Hablo de cul­tura católica porque todo lo que hacíamos y aprendíamos también tenía, una unidad armoniosa. No se nos «parcializaba», sino que una cosa se refería a la otra y se complementaban. Inconsciente­mente uno se sentía creciendo en armonía, lo cual por supuesto no podía explicitarlo en ese momento, pero luego sí. Y, por otra parte, todo era de un realismo contundente.

No quisiera caer en la psicología del ex alumno, una actitud nostalgiosa, proustiana, donde la memoria selecciona partes de la vida color de rosa y niega las cosas más limitadas o deficientes. En el Colegio hubo fallos, pero la estructura educacional no estaba fallada. Por ello –con los años– va quedan­do lo sólido de esa educación, y lo sólido que queda es positivo. 

Es lo que acabo de describir en los párrafos anteriores. Bebía cosas en el año 1949 que no son viables para 1990... pero estoy convencido de que el acerbo cultural salesiano de 1949, ese acer­bo pedagógico, es capaz de crear en sus alumnos una cultura cató­lica también en 1990, como fue capaz de hacerlos en 1930.

Digo esto porque hacia fines del año pasado me sucedió algo que me dejó triste. Un Padre Salesiano, a quien aprecio mucho, me dijo en una conversación que estaban pensando dejar algunos Colegios en manos de los laicos. Le pregunté si era por falta de vocaciones. En parte, me dijo, era ésa la razón porque los jóve­nes salesianos no querían trabajar en Colegios, no se sienten atraídos por ese apostolado. Yo le dije que sucedía todo lo contra­rio con los jóvenes jesuitas; éstos quieren trabajar en Colegios... y no son nada conservadores. 

Más todavía: en los últimos 18 años la Provincia Argentina de la Compañía había abierto varios Colegios, usando la figura de Colegio Parroquial. Siendo yo Rector del Máximo, se abrieron dos Colegios en los predios del Máximo: uno de educación técnica y otro de educación del adulto. Y ahora se acaba de abrir un tercero allí mismo: primario y secundario. Le dije también al padre que más que problema de los jóvenes me parecía que era problema de cómo se formaba a los jóvenes... y que vieran si por allí no estaría el fallo. 

Ese Padre también me dijo que otra razón era la de «hacer un gesto de inserción» (sic!) en las barriadas, y por ello se entregarían los Colegios, o algu­nos. Que era una «opción» pastoral. Frente a esto no pude sino pen­sar en los salesianos que conocí en el Colegio: no sé si «hacían gestos de inserción», pero que se deslomaban todo el día, y ni tiempo para dormir la siesta tenían, eso sí lo sé. 

Si esos hombres que yo conocí en el Colegio –y con esta reflexión termino– pudie­ron crear una «cultura católica» fue porque tenían fe. Creían en Jesucristo, y –un poco por fe y otro poco por caraduras– se anima­ban a «predicar»: con la palabra, con sus vidas, con su trabajo. 

No tenían vergüenza de cachetearnos con el lenguage de la cruz de Jesús, que es vergüenza y locura para otros. 

Me pregunto: cuando una obra languidece y pierde su sabor y su capacidad de leudar la masa, ¿no será más bien porque Jesucristo fue suplido por otro tipo de opciones: psicologistas, sociologistas, pastoralistas? No quiero ser simplista en esto, pero no dejo de preocuparme por el hecho de que –por hacer gestos radicales de inserción social– se abandone la adhesión a Jesucristo vivo y la consiguiente inserción en cualquier medio ambiental, incluso el educativo, para construir una cultura católica.

Jorge Mario Bergoglio, escrito en 1990




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